El origen de los miedos

El miedo tal vez constituya el fenómeno más universal en la especie humana. Todos en algún momento de nuestra vida lo hemos experimentado.

La universalidad y omnipresencia del miedo nos hace sospechar que debe tener un importante valor adaptativo. Sin embargo, el miedo puede ser desadaptativo, creando un enorme malestar y perturbando las actividades de nuestro día a día. Así que, el miedo constituye, por una parte, un componente necesario y unido al desarrollo evolutivo y, por otro, el aspecto más insoportable y perturbador para la vida de una persona.

El miedo, como anteriormente se mencionaba, tiene un carácter evolutivo, siendo algunos miedos normales a ciertas edades, pero patológicos a otras. Normalmente los miedos y fobias se van adquiriendo a medida que el niño se desarrolla. Los seres humanos están predispuestos filogenéticamente, es decir, desde su origen, para asociar respuestas de miedo a diferentes estímulos. Por tanto, el aprender a temer a determinados estímulos, objetos o situaciones, es un aspecto normal del desarrollo humano, siendo más frecuentes a edades preescolares y más raros en la etapa adulta. Como consecuencia, parece normal que los miedos vayan extinguiéndose espontáneamente a medida que avanza el curso evolutivo, sin embargo, esto no siempre es así, ya que, los miedos no desaparecen en algunos niños, o siguen un curso evolutivo poco natural.

Hasta ahora, parece claro que existe en las personas una tendencia filogenética para aprender fácilmente ciertos miedos, pero no sólo eso, sino que también existen diferencias genéticas individuales y variables ambientales, como por ejemplo la familia o las experiencias traumáticas, que interaccionan entre sí, y que pueden influir en la adquisición o mantenimiento de los mismos. La interacción entre estos factores determinará el curso de los miedos y las fobias a través del desarrollo madurativo.

Si bien los miedos son comunes durante la infancia y adolescencia, al poseer un carácter evolutivo, su incidencia varía en función de las fases del desarrollo. Basándonos en los “Miedos comunes en niños y adolescentes según las diferentes fases evolutivas” de Bonifacio Sandín (tabla 1), podemos ver de manera resumida como los diferentes tipos de miedos relacionados a cada fase evolutiva constituyen un fenómeno común.

Se asume por tanto que los diferentes miedos que se vinculan a cada etapa del desarrollo evolutivo, son miedos comunes y normales, siempre que los miedos no sean excesivos, es decir que no impliquen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Tabla 1. Miedos comunes en niños y adolescentes según las diferentes fases evolutivas.

 

Etapa evolutiva

Miedos más comunes

PRIMER AÑO (BEBE)

(0-12 meses)

Pérdida de apoyo

Sonidos fuertes

Las alturas

Personas/objetos extraños

Separación

Objetos amenazadores (que aparecen súbitamente)

INICIO NIÑEZ

(1-2⅟₂ años)

Separación padres

Extraños

Tormentas, mar

Pequeños animales

Insectos

PREESCOLAR

(2⅟₂-6 años)

Oscuridad

Animales en general

Quedar solo/a

Fantasmas, monstruos

NIÑEZ MEDIA

(6-11 años)

Sucesos sobrenaturales

Heridas corporales

Daño físico

Salud, muerte

Escolares

PREADOLESCENCIA

(11-13 años)

Escolares

Sociales

Económicos

Políticos

Autoimagen

ADOLESCENCIA

(13-18 años)

Sexuales

Autoidentidad

Rendimiento personal

Sociales

Académicos

Políticos

Económicos

 

Autor: Jesús García Vélez.